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Clasificación de este blog 1942o
Puntuación de este blog: 3,64
Publicado el 28/10/2008 a 23:12
Por Juan Agustí



Uno de los problemas que se puede llegar a tener cuando se es joven es que se puede pasar de largo por la vida sin reconocer las oportunidades más obvias. Es lógico, por tanto, que el vértigo impulse a muchos de nosotros a no prestar la debida atención a según que cosas.

Este ha sido mi caso con El Eternauta; por una razón o por otra siempre había estado eludiendo su lectura, inventandóme una perfecta excusa para no leerla, escondido siempre bajo una primaria reacción de pereza ante una obra ensalzada por todos los críticos rancios de los setenta, tenazmente tildada por ellos con categoría de maestra. ¡Qué daño nos hicieron a algunos jóvenes de entonces los plúmbeos plumillas de la época, tipo Javier Coma, que conseguían aburrir a las ovejas con sus sesudas críticas, que de puro relamidas, espantaban al aficionado más aguerrido!.

Lo cierto es que el mes pasado ya no tuve excusa. Me pusieron contra las cuerdas la edición de Norma a raíz de la celebración de los cincuenta años de su publicación original y un comentario que me realizó mi mujer mientras yo conducía: 

         - "He leído en el semanal a un columnista (no recuerdo el nombre) que hablaba de una cómic llamado El Eternauta. Entre otras cosas que me han llamado la atención, decía éste que uno realmente se percata de que, cuando uno se enfrenta a una verdadera obra maestra, sabe reconocerlo nada más verla. ¿De verdad es tan buena?", me dijo con verdadera curiosidad. Mi mujer lee una ración apreciable de cómics; bien es verdad que muchos de ellos los lee porque yo se los recomiendo y los tiene a mano, pero no suele ser habitual que sea ella la que muestra interés por alguno en particular, como en esta ocasión.

Enseguida se dió cuenta de que algo no iba bien;  mi respuesta no llegaba, por lo que rápidamente me inquirió de nuevo con algo de sorna:

          - "¿Por qué tú te lo has leído, verdad?". Mis vacilantes balbuceos no auguraban nada bueno. Comencé a contestar con evasivas, pero el daño estaba hecho. El edificio se tambaleaba. El delito era flagrante. No había escapatoria. ¡Vaya borrón en el expediente!

Me lo tengo merecido. Justo castigo por mi engreimiento, por haberme dejado llevar por la pereza. ¡Maldito seas, Javier Coma! ¡Ni siquiera la novela negra se salvó de tu alargada sombra!

Ni que decir tiene que compré la obra a las primeras de cambio. Y desde el primer minuto su lectura me cautivó, lo cual sin duda, ha demostrado certeramente la magnitud del error que había cometido hasta entonces.

Centremos el tiro. Héctor Germán Oesterheld había fundando en 1957 la editorial Frontera, junto con su hermano Jorge. Ellos serían los dos únicos guionistas de un sello que albergaría a los mejores dibujantes del país (Alberto Breccia, Hugo PrattArturo del Castillo). Por aquel entonces, Héctor ya era un experimentado guionista (por ejemplo, en Misterix ya hacía años que había realizado Bull Rocket y Sargento Kirk). El Eternauta comenzó a publicarse en las páginas del primer número de Hora Cero Semanal, el 4 de Septiembre de 1957 (en ese mismo cuadernillo también estaba el episodio Los dos amigos, de la serie Ernie Pike, ¡ahí es nada!).

1957. No hacía veinte años todavía que Orson Wells había aterrorizado Estados Unidos con su versión radiofónica de La guerra de los mundos. La televisión en Argentina había comenzado su andadura hace escasos años (1951); de hecho, el primer telediario argentino es de 1954. En 1957, John Lennon formaba los Quarrymen. Elvis no había ido al servicio militar. Faltaban años para que Stan Lee creara sus 4 Fantásticos. En las pantallas norteamericanas triunfan El puente sobre el río Kwai o Doce hombres sin piedad. Planeta prohibido, la película de ciencia-ficción, es de 1956. Realmente estamos hablando de hace mucho, mucho tiempo. Yo no había nacido. Cuando pienso en la época en la que esta obra fué escrita todavía se me antoja más importante su relevancia. 

Volvamos al presente. La obra tiene 350 páginas. Me duró tres días. Los dibujos de Enrique Solano López, lejos de resultar confusos como me parecían antaño, se vuelven ahora parte integrante del misterio. ¿Cómo es posible que una narración así resulte todavía tan actual? Cierto es que su innegable concepción como historia por entregas lastra la dinámica de la obra leída de un tirón. Cierto es también que algunas tensiones que se imponen para mantener la tensión semana a semana están absolutamente desfasadas (por ejemplo, llega un momento en que resulta insufrible cada vez que el protagonista evoca a su familia). Pero es verdad también que además que admite múltiples lecturas, que transcurre en diferentes niveles y que, además es una obra de ciencia-ficción muy entretenida. El final, muy digno y sorprendente, redondea el resultado.

Posteriores intentos de continuar la obra no parece que hayan alcanzado el nivel de ésta, dice la crítica. Difícil lo tienen, a juzgar por lo leído. No tendré que añadir nada mas para explicar porque he asignado a El Eternauta un sitio preferente en mi biblioteca. 


Publicado el 11/10/2008 a 20:00
Por Juan Agustí


Sin haberme decidido todavía a arriesgarme con la película de los hermanos Watchoski (aterrorizado estoy por los trailers que se han visto), me he arrojado en los brazos del manga original, cuyo primer tomo acaba de publicar Dolmen.

Yo pertenezco a la generación que creció viendo la serie original de dibujos animados, antes de que Heidi o Mazinger Z conquistaran las pantallas y la memoria de todos los infantes de épocas posteriores. Por supuesto, en aquella época no sabíamos siquiera que Meteoro era japonés. Menos todavía podiamos suponer que existían los mangas o el anime. Cuando se emitió la serie en TVE por primera vez, yo tendría la edad adecuada para que la serie de dibujos animados me fascinara. No importó que la serie fuese emitida de manera irregular o desordenada (era particularmente fastidioso el hecho de que los episodios con varias partes no fuesen emitidos de manera consecutiva, por ejemplo): rápidamente se convirtió en favorita.

Recuerdo con indignación (todavía le guardo rencor a TVE por ello, midan ustedes el tamaño de semejante afrenta) el no poder haber nunca podido visionar la segunda parte de uno de los episodios más famosos (La gran máquina, creo recordar que así es como tradujeron inicialmente al Mammoth Car).

Que yo sepa, en España, Meteoro sólo ha podido ser vista de nuevo en el canal Cartoon Network, que la repuso hace seis o siete años, por lo que sólo Internet me ha permitido ver la conclusión (en inglés, por supuesto). Luego dicen que los medios tradicionales estaban en crisis (antes de que esta crisis llegase a todas partes)... Además de falta de imaginación, también se echa en falta un poco más de rigor. Un ejemplo: ahora que parece que las series de TV americanas viven una nueva edad dorada ¿no se podrían reponer las series antiguas, igual que se hace con el cine, las reediciones de discos o de libros? Vamos, yo me apuntaría rápido o (con un nuevo doblaje) pagaría incluso por volver a ver Hawai 5-0, cualquier serie de la factoría de Irving Allen (Viaje al fondo del mar, Tierra de gigantes) o incluso por series inéditas (Mr. Ed). Ni siquiera el mercado del DVD lo ha tenido en cuenta, aunque algunas series hayan tenido algo de mejor suerte (UFO, Thunderbirds...,  sin ni siquiera tomarse la molestia de haber vuelto a doblarlas al castellano).

Mi nostalgia pre-chiripitifláutica (sí, sí, había TV en España antes..) observa con agrado que, a pesar de los pesares, Meteoro, el tebeo, aguanta mi lectura crítica (como habréis podido obervar, predispuestamente benevolente) con bastante dignidad. A pesar de ser una obra que data de 1966, el paso de los años no la deja rídicula y diminuta, como cabría esperar, sino que sigue resultando jovial y cautivadora. Los cuatro episodios que componen este primer tomo (¡A volar, Mach-5!, El desafío del piloto enmascarado, La venganza de Marengo y Carrera bajo las tierras incas) me dejan con ganas de leer el siguiente y último. Carente de tantos defectos narrativos que presentan muchos mangas actuales, faltos de ritmo y repletos de páginas ausentes de interés, sorprende también la fidelidad con la que este manga fue adaptado a la televisión: su espíritu rezuma por los cuatro costados. Su lectura, para mí, por tanto, ha resultado una experiencia deliciosa, que me ha devuelto a la infancia y me ha evocado sensaciones que ya había olvidado.  

El autor del manga, Tatsuo Yoshida nació en Kyoto el 6 de Marzo de 1932. En 1962 fundó con sus hermanos Kenji y Toyoharu los estudios de animación Tatsunoko Production, Co. Otra serie suya que gozó de cierta popularidad en España fue Gatchaman (1972), que narraba las aventuras del Comando G, más conocida durante los primeros 80 como La batalla de los planetas. Como ya era mayorcito, el orgullo de chavalito me inhibió de ver ninguno de sus episodios, por lo que no puedo opinar acerca de ella y, mucho menos, establecer una comparación entre ambas. No es el único éxito de estos estudios: otros destacables en España serían Belfy y Lillibyt, Chicho Terremoto, o ya en los noventa, Neon Genesis Evangelion y Orphen.

La influencia de Meteoro (Mach GoGoGo en el original) en Estados Unidos sigue siendo grande. Entre las diversas series de cómics que se han venido publicando desde mediados de los ochenta, habría que destacar la miniserie de Tommy Yune Speed Racer: Born to Race (Wildstorm, 1999), recopilada en un único volumen en España por Planeta en 2001; Speed Racer: Nacido para correr, en mi opinión, bastante prescindible.




Publicado el 23/09/2008 a 23:00
Por Juan Agustí





Bernard Cosenday, Cosey, tiene una capacidad increíble para conmover con sus historias. Lo que en manos de otro sería tedio se convierte en pura sensibilidad. En busca de Peter Pan, además, es la obra que mas me ha gustado personalmente de este autor suizo. Poema exquisito, debería haberse concedido más notoriedad a su edición en España por parte de la crítica, que, diría yo, la ha recibido con excesiva frialdad. Desde mi punto de vista es superior a El viaje a Italia o Saigon-Hanoi.

Aseguro haber sentido el frio en mis carnes cuando estaba inmerso en su lectura, o  estar intranquilo por el sonido del glaciar, muriéndose; tal es la intensidad con la que el autor ha conseguido interesarme por su contenido.

Desde mi punto de vista, leer esta obra es una experiencia única, íntima y mágica. No creo que debiera insistir más para recomendaros encarecidamente su lectura.  Si acaso, dejadme felicitar a Planeta por su excelente edición.



Publicado el 29/08/2008 a 16:30
Por Juan Agustí

Tengo que ir pensando en volver a la actividad ¿no?

En tanto escribo los primeros artículos de la temporada os dejo con este impresionante video, para que os vayáis haciendo una idea de lo que os espera...





También aprovecho para dejaros un enlace al video del programa SidoRé, de la TV de Mallorca, dedicado a La Búsqueda, que me ha dejado boquiabierto (muchísimas gracias, Xavi). Contiene seis canciones en directo y una entrevista con el grupo. Podéis descargarlo y verlo en vuestro ordenador a pantalla completa con un programa tipo VLC Player que os podéis descargar también desde ese enlace. El video dura 45 minutos y os aseguro que merece la pena.



Publicado el 20/07/2008 a 17:00
Por Juan Agustí
Un blogero responsable estaría ahora cerrando la próxima entrega del semanario Tintin, dedicada Mittei; comentado su lista de recomendaciones musicales de este año, elaborada ya hace semanas; o denunciando implacablemente las últimas faltas de ortografía encontradas en sus lecturas.

Complicado, realmente complicado resulta mantener un blog durante el verano, sobre todo con mi carácter, más dado a abstraerse escuchando un disco con el fresco de la noche; a perder el tiempo en etílicos viajes conversando con los amigos, cual Argonautas a la deriva;  o a enfrascarme en alguna lectura imposible de la que difícil será sacar partido alguno, dado lo esquivo de sus planteamientos.

No he podido, sin embargo, resistirme a la siguiente referencia. Primero, por el medio, al que injustamente no he citado en este espacio hasta ahora, ya que es muy tangencial al cómic y la música: estoy hablando de la indispensable versión española de Cahiers du Cinema. Titubeante al principio, afiánzandose número tras número, en poco más de un año ha conseguido convertirse en una de las mejores lecturas que pueden deleitar instruyendo al lector ávido de criterio.




En su última entrega se habla fundamentalmente de cine invisible, es decir, aquel que no ha llegado a estrenarse en ninguna sala comercial, entrando luego la revista en temas tales como la propia visibilidad de los filmes (festivales, forums, ediciones en DVD, redes P2P,...), la responsabilidad de los propios exhibidores, la situación de este mercado (incluye una deliciosa lista de recomendaciones de cine invisible), etcétera.

Lo primero de todo, deciros que la lectura de Cahiers du Cinema es, al menos para mí, indispensable. No hay mejor forma de estar al día (y a la altura también) de un medio como el cine que tras la meticulosa deglución de su contenido.

Lo segundo, felicitarles por el tema escogido en este número. No en vano este blog trata de (la mayor parte de las veces) música y cómics, que si bien no son invisibles del todo, si están alejados de la horripilante visión que el mercado proporciona de estos medios.

Lo tercero, indicaros que lo que verdaderamente ha conseguido arrastrarme desde mi fresquita terraza, copa en mano, hasta el teclado, ha sido el artículo de Gonzalo de Pedro, incluído en la página 63 del último número de la revista, dedicado a Anders Weberg. Este artista puso en marcha (2006) su proyecto P2P-Art. El sueco rueda películas experimentales que posteriormente sube a redes P2P. Una vez disponibles para todos los internautas, borra todos los materiales originales con los que ha elaborado la película y todas las copias que posee, con lo que estas películas "vivirán" en la medida en que los internautas mantengan interés en ellas. El día que nadie las comparta, lo normal es que desparezcan. Es esta poética actitud la que me ha llamdo la atención (y no tanto la discusión acerca de cuál es el valor del original o una copia de una obra de arte), y por la que se ha ganado estas pobres líneas.

El Arte ya existía antes de que existieran las distribuidoras, las productoras, las grandes superficies y los videoclubs casposos, y aunque muchas veces a lo largo de la Historia (quizás ya demasiadas) se haya costeado la elaboración de muchas de sus obras, el tiempo en el que su disfrute ha sido o es un negocio, es relativamente corto. Como dice en la entrevista (también en este número de la revista)  Col Needham, el fundador de IMDb, sueño con el día en que todas las películas del mundo (y, por qué no también, todas las obras musicales) estén al alcance de un click de poder verse (libremente, ojo, que esto de Internet, no tiene porque derivar necesariamente en más libertad de información, elección u opinión). Arte, Ocio y Negocio, tres fuerzas que a veces chocan entre sí, otras reman en la misma dirección y otras tratan de aniquilarse mutuamente.

Más información en www.caimanediciones.es.



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