© Juan Agustí 2018 

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16 Feb 2015


Vale, hay que tener un background importante en tebeos Marvel para entender este cómic. Difícilmente podrá el lector esporádico de tebeos entender la enjundia de esta serie si no está familiarizado con las aventuras de los Cuatro Fantásticos. Esto no quiere decir que para leer esta obra haya que poseer necesariamente un conocimiento previo de la situación, pero obviamente, no se disfrutará igual. Precisamente la sensación de desconcierto que gobierna la serie es una de sus pilares fundamentales, y claro, para que haya desorden, tiene que haber un orden previo.

 

 

La idea no es nueva, ni tampoco arriesgada: una serie de suplentes secundarios se quedan al cargo del cotarro, mientras que el grupo titular desaparece. Sí que es más original el hecho de que se inviertan las tornas en el género: tres féminas y un sólo hombre, que además, es minúsculo, al frente de un conjunto de infantes y adolescentes de diversa índole.


La ventaja de jugar con los secundarios es innegable: la sensación de que cualquier cosa puede pasar en cualquier momento es palpable. Por otro lado, hay momentos en los que la actividad superheróica pasa a un plano totalmente secundario, sus páginas se llenan entonces de sesiones de peluquería, celebraciones de año nuevo, jornadas en la piscina o travesuras infantiles, campan a sus anchas durante los dieciséis episodios que componen la serie. Lo curioso es que la trama no pierde interés, sino que por el contrario, incrementa el nivel de curiosidad del lector: después de todo, los protagonistas están en situación de riesgo permanente, lo que no deja de ser chocante. Si a ello le unimos las extravagancias del guión, la cosa tiene hasta gracia: Julio César, los Vigilantes, Maximus, la banda de la calle Yancy; todos los personajes tienen un carisma que los hace únicos.

 

 

Mención especial, como no podía ser de otra manera, para la estética de Allred. Este dibujante ha conseguido hacerse un hueco en el respetable nadando contracorriente con su estética retro. La verdad es que su recreación de los héroes clásicos es ciertamente peculiar y deja muy buen sabor de boca, dotando con su estética a estos tebeos con un interés adicional nada desdeñable. Sólo el Zot! de Scott Mc Cloud transitó por este camino, que yo recuerde.


Personalmente, el dibujante de Oregón nunca me entusiasmo como guionista (su Madman me pareció insípido), pero acompañado de un guionista la cosa adquiere otro cariz: si su asociación con el siempre interesante Peter Milligan durante el primer lustro del milenio fue una apuesta arriesgada que tuvo un final dulce, sucede algo parecido en este caso con Matt Fracción, del que no había leído nada previamente ya que su serie de Ojo de Halcón está en mi montón de pendientes. Actualmente, Allred me está haciendo babear con sus portadas para la serie actual de Silver Surfer (o Estela Plateada, que es como se conoce al personaje en el entorno patrio). Quiero mencionar también el color de Laura Allred, la mujer del dibujante, que tiene su parte de culpa en la estética resultante.


Que una serie de un género tan manido como el de los superhéroes tenga interés ya es noticia, que además tenga interés desde varios puntos de vista, ya es casi un acontecimiento. Panini ha recopilado la serie en dos funcionales tomos que hacen que su lectura sea todavía mas agradable.

 

Calificación: 7-8 /10

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