© Juan Agustí 2018 

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Still Life

12 Sep 2015

 

Excesivos. Imperfectos. Pomposos. Si me apuras, monótonos. Sí, Van der Graaf Generator eran (son) un grupo de rock progresivo. Habrá, por tanto, que tomar las debidas precauciones y administrar sus escuchas en ligeras dosis (téngase en cuenta que el tema más corto de los cinco que contiene dura más de siete minutos, lo que se consideraba breve para los usos y costumbres de mediados de los años setenta)

 

En general, no limitándome sólo a este disco, siempre me ha gustado imaginar a su cantante, el desmedido Peter Hammill, como un poeta algo chiflado, que disfrutaba recitando y bramando sus poemas, acompañado de un muro sonoro cambiante, que variaba entre sofisticadas melodías y estruendosos exabruptos. Algo de eso hay, aunque bien mirado, algo de contención le hubiese sentado estupendamente al sonido del grupo. Naturaleza muerta es un disco diferente en ese sentido, porque es más elegante. Cuando se escuchan los discos importantes del grupo (Pawn Hearts o Godbluff, a gusto del consumidor) se hace evidente que han envejecido peor que éste.

 

De Van der Graaf, concretamente, con la excepción de este álbum, apenas digiero algún tema más. En su día, me harté de escuchar una y otra vez H to He y, mas tarde, descubrí con sumo agrado Cat's Eye, así que tendré que reconocer que, de vez en cuando, se les puede hacer alguna concesión adicional.

 

Still Life (1976) constaba originalmente de cinco cortes. Yo me quedo sólo con tres: PilgrimsStill Life (habitualmente tildados de sosos) y My Room, (donde hay un consenso más amplio). En cualquier caso, la dosis es más que suficiente. Su portada, una fotografía de una figura de Lichtenberg retocada con pintura acrílica, es enormemente expresiva: no en vano es la imagen de una auténtica descarga eléctrica provocada por un generador de Van de Graaff, la bola esa que la tocas y te pone los pelos de punta. 

 

No hay demasiados discos de este estilo que hayan soportado el paso del tiempo con algo de dignidad, y éste Naturaleza muerta es uno de ellos. Además, como personalmente este disco me trae gratos recuerdos, ya que me lo compré en Roma, en el viaje de fin de estudios de bachillerato, no he dudado en incluirlo en la lista de mis discos fetiche. Por cierto, nunca he terminado de comprender porque este grupo tuvo una repercusión notable en ese país. 

 

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