© Juan Agustí 2018 

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Intrusos

27 Mar 2016

 

Adrian Tomine siempre ha sido un autor mimado por la crítica. Combina su reputación de ilustrador en la prestigiosa revista The New Yorker, con su elegante carrera como autor de cómics para la rutilante editorial de Montreal Drawn and Quarterly. Hoy en día, eso significa estar en la cresta de la ola, sitio donde el de Sacramento lleva ubicado la friolera de casi 20 años.

 

 

De todos los must de la novela gráfica norteamericana actual, puede que sea Tomine el que se ajuste más a ese innecesario concepto, ya que es el mas literario de todos ellos. Buena prueba de esto es su última recopilación de relatos, Killing and Dying (2015), que Sapristi, el sello de tebeos de Roca Libros, acaba de publicar en nuestro país bajo el nombre de Intrusos.

 

Este título es el de la última de las historias de este conjunto, en lugar de figurar, como en el original,  el de la penúltim, traducida aquí como Triunfo y tragedia. Esta inocente pirueta con el nombre (¿de verdad es mas comercial así?) permite, al menos, disfrutar mejor de la bonita ilustración de la portada, que en la edición americana queda bastante más deslucida debida al excesivo espacio que ocupa el texto. Quitando este detalle, la edición española está muy cuidada y resulta fiel a la canadiense.

 

Leeréis por doquier excelsos elogios de Intrusos, situándola entre los mejores trabajos del autor, calificativo que, a tenor de lo leído, parece justificado. Algunas de sus historias alcanzan una altura indiscutible (como es el caso de la que abre la obra, Una breve historia del arte conocido como Hortiescultura), que es ciertamente una delicatessen que resulta breve; o Amber Sweet, el relato que sigue a continuación, que mantiene el pulso en un tono sobresaliente.

 

A partir de aquí, creo que el autor levanta el pie del acelerador. Vamos, búhos ya me resultó ligeramente tediosa, las ocho páginas de Traducido del japonés se me hicieron eternas y Triunfo y tragedia, formalmente tremenda, no me interesa desde un punto de vista puramente personal.  No se trata de un problema en particular de cada una de estas narraciones, que por sí solas resultan interesante: es la acumulación de personajes patéticos la que se me hace excesiva. Seguramente, leer las historias que componen este libro adecuadamente espaciadas resulte una experiencia muchas más llevadera; juntas, leídas de un tirón, componen un fresco demasiado fúnebre para resultar creíble. La penosa imagen que presenta Jesse, la protagonista de Triunfo y tragedia, complementada por la desesperante actitud de su padre, está perfectamente descrita. La sensación de estar leyendo una novela realista americana es patente. El problema es que a estas alturas, la colección de perdedores que aquí se reúne termina por quedarse en eso, en una sutil descripción de la ingente cantidad de males de la sociedad contemporánea que conduce a este tipo de personalidades perdidas en un callejón sin salida. Resulta, por tanto, igual de descriptiva, por cierto, que gran parte de la narrativa realista americana de la última década. Y claro, a una rutilante figura de la novela gráfica hay que exigirle más.

 

La última historia, Intrusos, un explícito homenaje a Yoshihiro Tatsumi, recuerda verdaderamente el estilo del creador del gejika (de forma indiscutible, sobre todo, en el apartado gráfico), lo cual resulta pertinente, ya que el tamizado al que Tomine somete la obra filtra parte del espíritu zen de aquel, resultando una especie de híbrido muy personal y relativamente curioso para los que conozcan en detalle la obra de ambos.

 

Donde otros críticos han visto la cima creativa de Tomine yo sólo veo un compás de espera, una obra de transición. Aunque, conociendo al de California, estoy seguro de que será para bien.

 

Calificación: 6-7/10 

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