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Opus

9 May 2015

 

 

Ahora que se acaba de publicar la segunda parte de esta obra de Satoshi Kon,  aproveché para leerme sus dos entregas seguidas, ya que, encima de que se trata de una obra inacabada, lo de leerla en dos partes con casi cinco meses de diferencia entre la lectura de ambas partes, me resultaba bastante incómodo.


Lo primero que he de decir es que Satoshi Kon siempre me pareció altamente irregular, tanto en la factura de sus mangas como sus películas. En los tebeos, sólo Regreso al mar (1990), publicada por primera vez en castellano por Planeta en 1994 (y reeditada en 2014) me había parecido interesante. En cuanto a la pantalla, es cierto que Paranoia Agent (2004) es una de las mejores series de anime de todos los tiempos, que su episodio de Memories (1995) y Perfect Blue, de 1997, tampoco están mal, pero el resto de sus obras son altamente infumables: tanto Seraphim (1995) como World Apartment Horror (1991) y su recopilación de obras cortas son bastante espantosas; en cuanto a las películas, Millenium Actress (2001), Tokyo Godfathers (2003) y muy especialmente la excesivamente lisérgica Paprika (2006) son altamente indigestas.

 

 
Opus (1996), al menos, se puede leer. Como muchas de sus obras, abusa excesivamente del metalenguaje (bueno, es que en este caso ES enteramente metalenguaje), pero al menos el autor no desbarra. Que esté inacabada, o mejor aún, que Kon inventase un precipitado final para concluirla, por muy sorprendente que parezca, la mejora enormemente (hay que leerla si queréis entender lo que quiero decir). 


Creo que el problema de Kon es que no medía bien la amplitud de sus pasos de gigante. Cuando se contiene mas, se puede apreciar mejor su valía. Su prematura muerte nos privó de conocer que hubiese pasado cuando se hubiera aburrido de mezclar realidad y fantasía de esa manera tan salvaje. Obviamente, su elegante estilo gráfico le encumbra a la categoría de maestro (y humildemente, no pienso ser yo el que comience a pelearse con el fandom para hacerle caer de ahí). Sin embargo, difícilmente conseguía elaborar unos guiones que se sostuvieran medianamente. Trabajar con otros guionistas (Otomo, Mamoru Oshii) tampoco parece que haya contribuido a mejorar el resultado.


La edición de Planeta sigue fielmente la americana de Dark Horse. Parece que la editorial española, líder en la alteración de formatos para exasperación de sus lectores, se ha decidido a frenar esta práctica tercermundista. Al menos, alguien se contiene en este Opus.

 

Calificación: 5 /10 

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