Una disección de Holy Motors




Nota: Este artículo es una edición revisada y ampliación del que se publicó originalmente en La mirada estrábica el 21 de enero de 2014.


Durante una de nuestras habituales comidas, mi amigo Enrique me recomendó está película que había estado viendo en el cine. No le había gustado en absoluto, pero como ya conocemos nuestros gustos desde hace tiempo, me puso sobre aviso. Sus palabras exactas fueron:


Es tan mala, Juan, que estoy seguro de que te va a encantar.


Habréis podido deducir que mi reducido grupo de amigos del trabajo es, digamos, de "amplio espectro".


Un tiempo después, y de manera casual, observé a mis tres hijos un día frente al televisor, hipnotizados frente al televisor, cosa que es bastante inusual en ellos. Estaban viendo Holy Motors. Así que no me quedo otro remedio que verla. Y claro, todos tenían razón. Un febril impulso me ha obligado a escribir este artículo, pues la película brilla a tal nivel que creo que lo mejor que puedo hacer es compartir en detalle mi experiencia y mi lectura personal de ella. Creo que es tremendamente esclarecedora y necesaria.


He de reconocer que no soy seguidor de Leos Carax: hasta la fecha, de sus otros cuatro largometrajes sólo había visto dos. El primero, Mala Sangre (Mauvais Sang, 1986), me lo prestó un amigo debido a que en él actúa Hugo Pratt (¡gracias, Tomás, siempre te estaré agradecido por ello!), y es, sin duda, una obra maestra. Todo lo contrario opino sobre Los amantes de Pont-Neuf (Les amants du Pont Neuf, 1991): pretenciosa, artificial (y si me apuras, redundante y aburrida), y que obtuvo un gran éxito de crítica y de gran parte del público más puesto. Tampoco es que el cineasta francés tenga muchas en su haber, hasta que mira tú por donde, a finales de 2012 llegó Holy Motors, precedida de un reconocimiento inusual por parte de la crítica.


Y cuando digo parte, quiero decir parte. No consiguió premio alguno en Cannes, obtuvo algunos premios en varios festivales norteamericanos y arrasó en Sitges. En cuanto a la crítica más mediática, los resultados han sido variados. Veamos algunos elogios positivos, que han sido muchos:


  • "Una de las más bellas películas sobre cine y el arte de la narración como necesidad para contarnos a nosotros mismos y a los demás." Daniel De Partearroyo, Cinemanía

  • "Sorprendente, incomparable, inconmensurable (...) una obra sin embargo no apta para todos los paladares. (...) ¿Les apetece una experiencia sensorial de alta graduación? (...) Puntuación: ★★★★★ (sobre 5)". Jordi Batlle Caminal, La Vanguardia


Veamos otras posturas:


  • "Espantosa (...) Es una sucesión de tonterías sin gracia, los caprichos vacuamente surrealistas de un niño consentido e irritante." Carlos Boyero: Diario El País

  • "Infame (...) una de las películas más ridículamente pretenciosas que uno recuerda". E. Rodríguez Marchante: Diario ABC


Puestas así las cosas, podría pensarse que es una de esas películas que divide a la gente entre sus partidarios más acérrimos y sus detractores irreconciliables. Pues no. No se trata de eso. A ver por donde empiezo... ¡Ah, ya sé por donde!. Si no habéis visto la película, dejad de leer inmediatamente y poneros a verla. Es una película que HAY que ver, aunque sea para odiarla. En cualquier caso, esta crítica, de tener algún valor, sólo podría tenerlo para los que YA han visto la película. Si te lees toda la parrafada que hay escrita a continuación sin haberla visto, allá tú: te perderás una experiencia única e irrepetible para hacerte el listillo, como siempre.


Prólogo


El film comienza con una sucesión de imágenes de Jules Marey: un fotógrafo francés del siglo XIX destacado por sus investigaciones en el estudio fotográfico del movimiento. Jules Marey inspiró a Eadweard Muybridge en su trabajo más conocido: El caballo en movimiento (1873)



que demostró, para sorpresa de muchos, que un caballo no tiene apoyado ningún casco en el suelo durante algunos instantes de su galopada.


El trabajo de Muybridge retroalimentó a Jules Marey, que profundizó en mejorar la calidad de las series de fotografías y le sirvió de acicate para realizar numerosos trabajos. Uno de los más famosos es este Falling Cat (1890).



¿A qué viene todo esto? Las imagenes de Marey que inserta Leos Carax en su film son movimientos de seres humanos, que es uno de los temas que más interesaba a Marey y que muchos consideran como "protocine" o, al menos, una de las fuentes que sirivieron de inspiración para el ya casi inminente invento de los hermanos Lumière.


Carax no es precisamente un tipo humilde: nada más comenzar la película quiere situar a Holy Motors con estas citas como fuente de inspiración de un nuevo tipo de cine que podía estar al caer en el futuro cercano, que es donde se sitúa temporalmente la película. ¿No me creéis? Volveremos sobre el tema.


La película comienza de una manera un tanto extraña. Una especie de prólogo o preámbulo:


"Desde el principio tenía en la cabeza esta imagen: una sala de cine, grande y llena, en la oscuridad de la proyección. El público visto de cara (lo que jamás llegamos a ver). Pero los espectadores están petrificados, y parece que tengan los ojos cerrados. ¿Se han dormido? ¿Les han matado, ametrallados por demasiadas imágenes? ¿Están deslumbrados? ¿O se han muerto de aburrimiento, de hastío? Nos confrontan. ¿Nos están juzgando? ¿Somos nosotros su película? ¿O es que sueñan la película que están a punto de ver?" (Leos Carax a Eulália Iglesias, en una entrevista publicada en el nº 10 de Cuadernos de Cine, Noviembre 2012).


Uno de los temas que he visto en que los críticos hacen más hincapié es en el de las referencias cinematográficas que contiene Holy Motors. En particular, esta escena parece ser que hace referencia al plano final de Y el mundo marcha (The crowd, 1928), de King Vidor, una de las últimas películas mudas, motivo por el cual dicha afirmación carece de sustento. Es cierto que Leos Carax ha mencionado este plano en diversas entrevistas, pero desde luego, no es la película que los espectadores de la sala están viendo.



Es más, sinceramente, no creo que Leos Carax tuviera en mente esta escena cuando planteó la suya. La verdad es que no creo en casi ninguna de infinidad de las sesudas referencias a otras películas que indican los críticos que esta película contiene:


"...al contrario de lo que se dice de mí, no soy para nada un cinéfilo (a pesar de que de de los dieciséis a los veinticuatro años ví muchas películas)."


A lo largo de este artículo veremos, además, que una gran parte de las referencias que contiene Holy Motors son literarias.


La compañera de Leos Carax, la actriz Katerina Gobuleva, a quién está dedicado el film, había fallecido unos días antes del rodaje. Creo que este prólogo es, además, un primer homenaje a su memoria:


"Después, mi amiga Katia Gobuleva me dio a leer un cuento de E.T.A. Hoffmann en el que el protagonista descubre que su habitación de hotel conduce, a través de una puerta secreta, a un teatro de ópera. Como en la frase de Franz Kafka que podría servir de prólogo a cualquier creación: En mi apartamento hay una puerta que no había percibido hasta el momento. Así pues, imaginé empezar la película con este durmiente despierto en plena noche, que se encuentra en pijama en una gran sala de cine llena de fantasmas. Instintivamente llame al hombre, al soñador del film, Leos Carax. Y por tanto lo interpreté."


Katerina Gobuleva

Efectivamente, después de las secuencias de Marey y los títulos iniciales, la primera imagen que se proyecta es la de la sala de cine. A continuación, vemos a un Leos Carax, que se despierta en la habitación de un hotel cercano a un aeropuerto. Le despierta un sonido extraño: sirenas de barcos y gaviotas que no se sabe de donde provienen le hacen pegar el oído a la pared. El director ha debido estar viendo una película en su portátil antes de acostare, ya que éste se encuentra sin cerrar sobre una mesita de la habitación. Una de las paredes, decorada con un papel pintado que representa a un bosque parece ser el origen de tan extraños sonidos. La pared, esconde, efectivamente, una cerradura, en cuya llave se mimetiza el dedo índice de nuestro director. Una vez que éste recorre un corto pasillo, abre una puerta y se encuentra sobre la platea del cine, donde están sentados inmóviles espectadores, observando la pantalla de cine de donde provenían los sonidos.


Por uno de los pasillos avanza caminando un niño pequeño, desnudo e inocente (¿el director nos solicita que contemplemos la película con ese mismo espíritu?), en tanto varios perros avanzan silenciosamente hasta la pantalla, en una suerte de imposible desfile de modelos. En primer plano se presenta a un un mastín napolitano (punto que me aclaró Carlos García, ya que yo inicialmente escribí gran danés).


El director mira hacia la pantalla. La escena cambia radicalmente.


Las últimas sirenas de los barcos al partir desde el muelle nos presentan a una niña de seis años, mirando lánguidamente a través de una ventana de un edificio moderno. ¿O es la ventana la de un camarote desde donde zarpa un barco con destino a no se sabe dónde? Nadie tiene por qué saberlo, pero la niña en cuestión es Nastya, hija del director y de Katerina Gobuleva. Tampoco es desdeñable observar que la casa recuerda a un barco... Los buscareferencias citan aquí a Mon Uncle (1958), por las semejanzas que hay entre esta casa y Villa Arpel, donde se sitúa la película de Tati. No es de las referencias más forzadas y tampoco hace daño, pero vuelvo a decir que todas esas menciones no son ni mucho menos esenciales para la comprensión de la trama, ni creo que aporten nada tampoco a una mayor fluidez en esta explicación.



Así termina el prólogo, que a mi entender es la única parte simbólica de la película y la única que necesita de información adicional para ser correctamente interpretada. A partir de ahora, hasta casi los títulos de crédito del final, todo será cine realista, del tradicional, a pesar de que muchos espectadores no lo entiendan así.


Comienza un nuevo día


Hemos llegado a la primera intervención de Monsieur Oscar, protagonista de la película, interpretado magistralmente por Denis Lavant. Sin duda, nos encontramos en un barrio de lujo: de unos de sus chalets parte andando nuestro protagonista, impecablemente vestido, despidiéndose al alba de los niños y dando los buenos días a los vigilantes y a sus guardaespaldas. Aparentemente, nos encontramos ante un importante banquero, que es recibido en la puerta de una gigantesca limusina blanca por Céline, su chófer y asistenta personal, no menos magistralmente interpretada por Édith Scob.


Édith Scob

Lo primero que nuestro "hombre de negocios" hace al comenzar su jornada es preguntare a Céline cuantas citas tiene hoy. "Nueve, monsieur Oscar. Tiene el primer expediente a su lado". Para ser una película a la que han acusado de carecer de guión, este detalle no está mal. Yo diría más bien, todo lo contrario, indica que está perfectamente estructurada desde el punto de vista narrativo, y concretamente este detalle sirve para despejar algunas dudas que pueden surgir una vez que se haya terminado de ver la película. Como un mecanismo de relojería todas las piezas, al final, acabarán encajando.



Mientras Oscar ojea el primer expediente, recibe una llamada en el móvil. Oscar mira su reloj (para ver si todavía es hora), se coloca un moderno auricular inalámbrico en su oreja (tipo Plantronics). Es Serge, que quiere preguntarle un par de cosas. Oscar y Serge aprovechan la llamada para hablar de su seguridad: "¿Qué quieres? Somos los cabezas de turco de la miseria. Eso es lo que hoy en día excita a la gente", le espeta Oscar a Serge. La empresa de seguridad les indica que ya no sólo les basta con llevar guardaespaldas, sino que ellos también deben ir armados. Aprovechan para quedar a cenar por la noche en Fouquet's. Este diálogo es, como algunos ya se habrán imaginado, bastante relevante de cara a la séptima cita.


Le Fouquet's en Paris

En esta parte no hay, aparentemente, nada extra que entender, ni ninguna contradicción. Algunos comentarios adicionales para este apartado:


La casa del banquero es, en realidad, la Villa Paul Poiret, que se encuentra situada en Mézy-sur-Seine. Obra inconclusa del arquitecto Robert Mallet- Stevens, es un bello ejemplo de la arquitectura de entreguerras, como lo sería Villa Saboye, edificada por Le Corbusier en Poisssy, cerca de ahí, unos años más tarde. El edificio es blanco, de hormigón, construido a base de formas cúbicas, y tiene 800 metros cuadrados de superficie habitable. El vestíbulo, habitación principal de la villa llega hasta los siete metros de altura y tiene dos grandes ventanales que se elevan hasta el techo. La terraza superior ofrece una vista impresionante sobre el valle del Sena. Construida entre 1924 y 1925, por encargo del modisto Paul Poiret, se encuentra emplazada en un parque de cinco hectáreas. El modisto eligió este lugar para poder tener cerca el puerto Olímpico de Meulan-Les Mureaux, y así hacerse socio del Club Náutico de Chatou, que acabaría siendo el Club de Yates de la región de I'lle-de-France. Su propietario, sin embargo, nunca llegó a vivir en ella y la casa sólo fue habitada por su encargado, en espera de la conclusión del proyecto, que nunca llegaría, ya que el modisto se declaró en quiebra en 1926. Paul Poiret vendió la villa en 1930 a la actriz Elvira Popescu, quien, a su vez, encargó una reforma al arquitecto Paul Boyer en 1932, distorsionando el proyecto original. Añadió ventanas de forma circular y pasamanos, lo que le valió a la villa el que los ciudadanos de Mézy-sur-Seine la pusieran el apodo de "el paquebote". ¿Alguién duda ya de la intención de Carax de llevarnos con su música desde la platea del cine hasta el muelle desde donde zarpará nuestra aventura?


La villa Paul Poiret, nuestro paquebote particular

Fouquet's es una brasserie de los Campos Elíseos especialmente apreciada por el mundo de la cultura y el séptimo arte, como indica en su propia propaganda. Fue en este restaurante donde Nicolas Sarkozy celebró con su familia y amigos su victoria en las elecciones presidenciales de 2007, por lo que se convirtió en un símbolo de la naturaleza bling-bling (término que proviene del hip-hop y que utilizaron algunos periodistas franceses para criticar la ostentación de la riqueza). El término bande du Fouquet's se utilizaba para designar el entorno de Nicolas Sarkozy. Esta no es la única relación que conozco entre Sarkozy y Leos Carax: pocos sabrán o recordarán que la letra del popularísimo tema de Carla Bruni Quelqu'un m'a dit está compuesto entre la ex-primera dama y el propio Leos Carax. El video musical de Tout le monde también es suyo.


La matrícula de la limusina es 202 DXM 95. El DXM es un fármaco supresor de la tos, que en dosis más altas se utiliza como droga recreativa: "Puede producir distorsiones del campo visual sensaciones de disociación, distorsión de la percepción corporal y emocional, así como la pérdida de la noción del tiempo. Algunos usuarios han reportado efectos eufóricos, particularmente en respuesta con la música". Este dato no tiene pinta de ser importante, ¿verdad?


Superado el prólogo, pues, en esta primera parte todo parece más o menos coherente: un plano de los guardaespaldas siguiendo a la limusina, Oscar medio dormido en su interior, ...hasta que la música (la irrupción de la música es fundamental en esta película) nos cambia de tercio: se trata de la Marcha Fúnebre para Cuarteto de Cuerda nº 15 de Shostakovich, interpretada sólo con un piano. Esta pieza, escuchada de esta forma, juega un papel fundamental en la película porque marca los momentos de fin y comienzo de cita.


Primera cita


Repentinamente, algo extraño pasa, y el espectador se arruga en su asiento viendo como monsieur Oscar se quita la chaqueta, recoge una peluca gris y enciende las luces de un espejo que está en la parte de atrás de la limusina y que hasta entonces no se nos había enseñado. Oscar comienza a peinar la peluca con parsimonia.


La limusina entra en Paris, seguido por el coche de los guardaespaldas, aparcando ambos autos delante del puente Alejandro III. Conscientemente o no, es curioso que este puente sea símbolo de la alianza entre Francia y el zar Nicolás II (¿un nuevo homenaje a Gobuleva?)


Los dos guardaespaldas y Céline se bajan de sus respectivos coche y ayudan a salir del interior de la limusina a un transformado Oscar en una vieja pordiosera jorobada y tullida.


Totalmente encorvada, comienza a andar, apenas consigue apoyarse en su muleta. Ante la perplejidad del espectador, que todavía se pregunta que demonios está pasando, la pordiosera y los guardaespaldas cruzan por debajo del puente, donde, ante la indiferencia de la multitud en general, comienza a pedir, murmurando en rumano: "Si. Desde hace años esto es lo único que veo: piedra y pies". "No... nadie me quiere... en ningún lugar... Pero a pesar de eso, sigo viviendo. Soy tan vieja... Me da miedo no morirme nunca."


¿Qué ha pasado? ¿Dónde se ha metido Oscar? Todos sabemos que la pordiosera no es auténtica, aunque esto se debe exclusivamente a que todos reconocemos las peculiares características del rostro de Denis Lavant, cosa que con otro actor sería más difícil, por no de decir imposible. El abrumador contraste entre ambos personajes hace evidente la necesidad de que el espectador se interese por el asunto en cuestión.


A continuación, el plano cambia, mostrando a la limusina, de nuevo en marcha. En su interior está un extraño Oscar quitándose nariz y dientes postizos frente a lo que claramente es ahora el espejo de un camerino. Cuando se quita la peluca se nos muestra a una persona calva, también en contraste con el pelo blanco de nuestro banquero del principio. Ya no hay rastro de los guardaespaldas ni de nuestro banquero original.


Leos Carax dice en la misma entrevista que mencionamos antes:


"La primera imagen que tuve en la cabeza fue la de una anciana gitana, la mendiga de espalda curvada. En París es habitual cruzarse con estas mendigas por los puentes (siempre van con los mismos vestidos y la espalda tremendamente doblada). Nunca he abordado a ninguna, y antes de la película no sabía exactamente de donde venían ni de qué mal padecían. Durante un tiempo, me planteé llevar a cabo un documental sobre una de ellas, o, más bien, sobre el mundo que me separa de ellas. Pero si a menudo me he sentido tentado por el documental, siempre temo que realizar uno me lleve toda la vida. Entonces, me imaginé a esta mendiga como a un personaje totalmente de ficción, lo que es un tabú. Ella sería "falsa", estaría interpretada por Denis Lavant, y sus palabras serían las mías."


Estamos seguros de que el protagonista es esta nueva identidad del personaje, ya que Céline indica: "Monsieur Oscar, tiene usted en su asiento el expediente para su segunda cita." De nuevo suena Shostakovich.


Segunda cita


Se denomina motion capture a la técnica de grabación en movimiento, en general de actores u animales vivos, con el objeto de trasladar dicho movimiento a un modelo digital, realizado mediante imágenes generadas por un ordenador. Hoy en día ya es una realidad: Gollum en la trilogía de El Señor de los Anillos, King-Kong, Hulk o el Tintin de Steven Spielberg ya son solo algunos ejemplos conocidos de personajes que han sido generados de esta forma.


No, esta imagen no es del film, a pesar de la M


Bien, toda vez que nuestro Oscar ha ojeado el segundo expediente, se dirige, siempre en el interior de su limusina, hacia un maletín que contiene uno de estos trajes plagados de sensores que se utilizan en las motion capture.


Céline deja a nuestro protagonista en la entrada de un complejo (donde por cierto, el mecanismo de seguridad a la entrada de la sala de grabacion se realiza con un sensor biométrico: necesita leer un pelo de la nariz del visitante). Aquí se incluye uno de los espectaculares bailes acrobáticos que tanto le gusta introducir a Leos Carax en sus películas, esta vez simulando una pelea entre varios contrincantes y nuestro Oscar. No hay música, la danza transcurre en silencio, lo cual redunda en beneficio de la escena. Hay que decir que se trata de una secuencia extraordinariamente bella, debido al efecto que producen los sensores blancos sobre un fondo totalmente negro. Y no, Denis Lavant no es el bailarín, sino que es doblado por el campeón del mundo de taekwondo junior Reda Oumouzoune, que se ha especializado en este tipo de números.


Una voz en off, mecánica y fría, claramente pronunciada por un ser artificial, dirige el cotarro y le indica a Oscar cuando debe empezar a actuar.


Se profundiza en la exigencia física del papel, ya que una vez terminada la pelea, el actor debe correr sobre una cinta, a toda velocidad, a la vez que dispara, ametralladora en mano. Nótese la similitud entre este plano y los de Jules-Marey recogiendo fotografías para analizar el movimiento humano.


Denis Lavant en el pasillo rodante


Finalmente, la velocidad del pasillo es tal que hace caer al actor al suelo, por lo que Oscar le miente a la voz en off, diciendo que su traspiés ha sido debido a un mareo. Se abre una puerta y aparece otro actor de motion capture, esta vez una mujer.


Zlata, la mujer de rojo


Denis Lavant y la actriz que hace de actriz, la contorsionista kazaka Zlata, realizan otro espectacular número, esta vez con un claro contenido sexual, ya que están realizando la danza de apareamiento de dos extraños y gigantescos seres serpiente en el interior de la tierra, como se observará claramente durante algunos instantes en la película. Por cierto, los movimientos de Zlata dan verdadero repelús si te fijas detenidamente en ellos.


En cualquier caso, de las sucesivas escenas aquí mostradas, parece deducirse una cierta postura crítica de todos estos aspectos del cine moderno, ya que, en principio, a Oscar se le exigen pocas dotas interpretativas para representar este papel: entre el esfuerzo requerido para las dos primeras escenas y los devaneos eróticos de la última parte, perfectamente podría haberse seleccionado para el ficticio casting a un actor de cine porno. No creo que esta sea la intención última de Leos Carax, que en esta fase de la película, creo yo que esta más interesado en tratar de captar la atención del espectador (o de conseguir su rechazo frontal) y en captar la belleza plástica de las imágenes que consigue grabar, que en emitir juicios de valor sobre estas cuestiones. Sí que trata, por el contrario, de ir mostrando como es de tremendamente dura, en todos los aspectos, cada jornada de la vida de Oscar.



Tercera cita


Cuando Oscar esta leyendo el tercer dossier, de nuevo en el interior de la limusina exclama una sola palabra: "¡Mierda!". Puede que, a pesar de todo, el actor esté contrariado por el siguiente papel que le va a tocar interpretar, pero también puede ser una exclamación en la que se nos recuerda a Merde, cortometraje que forma parte del film colectivo Tokyo! (2008), cuyo protagonista es Monsieur Merde.



Tokyo! no se ha llegado a estrenar en España ni se ha comercializado en DVD, pero se presentó a la sección oficial del festival de Sitges de ese año. La forman tres partes, cada una dirigida por un director diferente. De Bong Joon-Ho ya hemos hablado mucho y bien en La mirada estrábica con ocasión de la publicación del DVD de Mother. Yo, mientras espero con impaciencia su nueva película Le Transperceneige. De Michel Gondry, en cambio, sólo puedo decir que me gustó bastante su Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004), cuyo título en castellano fue "brillantemente" traducido como ¡Olvídate de mí!; a pesar de todo, es un director con el mantengo ciertas reservas. Bueno, el caso es que en la parte que le toca a Leos Carax, Monsieur Merde es el nombre con el que se conoce a un extraño personaje que habita en las alcantarillas de Tokio, que sale de su guarida subterránea donde habita para atacar a la población local, de forma cada vez más descarada y aterradora: roba dinero y cigarrillos a los transeúntes, asusta a las viejas y lame a las colegialas escabrosamente, lo que desata la histeria entre la población y un frenesí mediático televisivo. En el siguiente video, extraído de Tokyo!, tenéis una muestra:



"¿Concibió la película para acoger una serie de historias que ya tenía en la cabeza?", pregunta Eulalia Iglesias. "No", contesta Leos Carax. "El único episodio preexistente era el de Eva Mendes. Debía abrir un largometraje que quería realizar, Merde in USA, la continuación de las aventuras de Monsieur Merde en Nueva York, con Denis Lavant y Kate Moss. Las otras vidas de Monsieur Oscar fueron imaginadas expresamente para Holy Motors".


Sigamos con el desarrollo de nuestra tercera cita. Tras los estipulados compases de Shostakovich, Oscar se levanta y se dirige a donde tiene los componentes de su atrezzo. Abre una caja donde está escrita la palabra Wild (Salvaje): contiene un busto con los elementos que componen el disfraz de Monsieur Merde: peluca, cejas, bigote y barba pelirrojas, así como una lentilla para simular un ojo ciego y unas uñas llenas de suciedad. Es el propio Oscar quien se coloca todos estos elementos en su camerino. Como es hora de reponer fuerzas, aprovecha para tomar un poco de sushi. Sin embargo, la agenda está muy ajustada; Oscar tiene que comer así, disfrazado.


Oscar baja una pantalla que le sirve para ver el exterior del coche, ya que las lunas de la limusina no lo permiten, a no ser que se bajen. Hay mucho tráfico. Céline y Oscar hablan a través de un circuito cerrado de televisión.


Céline: - Monsieur Oscar, seguramente nos retrasaremos unos minutos.

Mr. Oscar: - Bien

Céline: - ¿Quiere que llame a la Central y les avise?

Mr. Oscar: - No hace falta. Intentaré recuperar el tiempo. Me daré prisa en la siguiente cita y así, en las otras seguiremos lo establecido.

(Pausa. Oscar pulsa el comunicador interno).

Mr. Oscar: - Céline... ¿Hay alguna cita en el campo o en el bosque?

Céline:- Esta semana no, Monsieur Oscar.

Mr. Oscar: - ¡Qué pena! Echo de menos el bosque. (Oscar denota aquí cierto hastío de estar gran parte de su tiempo siempre rodeado de paisaje urbano).


Como en Tokyo!, Mr. Merde farfullará, le quitará los cigarrillos a la gente, se comerá su dinero y sus flores, lamerá los sobacos de las chicas y se mostrará igual de radical y violento.


Por si alguien no lo sabía, la música con la que se presenta Monsieur Merde en ambos episodios (tanto en Tokyo! como Holy Motors) pertenece a la BSO de Godzilla. Cuando Mr. Merde sale de las alcantarillas siempre hay unos pájaros graznando que el personaje parece seguir con la mirada, que están en la música original. Se utilizan dos temas: el principal y Sinking of Bingou-Maru, El Hundimiento del Bingou-Maru. Su uso se intercambia en los dos episodios. Mientras que en Tokyo! este último abre el episodio y el tema principal se utiliza cuando Mr. Merde sale de la alcantarilla, en Holy Motors es al contrario. En cualquier caso, resulta tremendamente apropiado ¿no?


Después de deambular por las alcantarillas, cruzándose con grupos de gente, lo que enseguida me trajo a la cabeza Delicatessen (1991), de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro; (¿realmente tendrán razón los que dicen que la película está llena de citas a otras películas?).


Mr. Merde emerge en el cementerio de Paris más conocido de todos: el Père-Lachase. La lista de celebridades enterrada aquí es interminable: Oscar Wilde, Edith Piaf, Jim Morrison, Molière, Georges Méliès, Delacroix, Chopin, Lesseps, Godoy, Bizet... Precisamente es en este cementerio donde se haya enterrada Katerina Gobuleva.


Mientras Monsieur Merde deambula por entre las tumbas del cementerio se puede observar que algunos epitafios no son muy normales. Me he molestado en incluir en este artículo los epitafios que he podido reconocer, ya que las lápidas nos informan de la página web donde se puede recordar al muerto:


  • Visit mon site: www.vogan.fr: Esta página existe, por supuesto, y su contenido es una fotograma de la película en la que se indica un momento concreto que ya comentaremos después. Monsieur Vogan es, además, otro de los papeles que interpretará Denis Lavant (ver octava cita). Contiene un enlace a un corto realizado con un iPhone 4, (Soixante-dix, de Magdalena Korpas y Dominique Maury Lasmastres) y a una crítica de la película anterior a su estreno. El corto tiene su relación con Holy Motors, por supuesto, pero no la voy a explicar, al menos aquí). Desconozo, por cierto, a quién se debe esta web. (Nota: este era el enlace en 2014, cuando se escribió este artículo. Ahora, a finales de 2016, dirige al Nikon Film Festival, un festival de cortos ligado al Festival de Sundance)

  • Visit my website: www.tobeornottobe.com: Este enlace no funciona.

  • Visitez mon site: www.destouches...: Esta última lápida no deja ver la dirección completa, posiblemente la terminación sea .net. Si sabéis inglés, os indico un interesante enlace en donde se habla del misterioso Doctor Destouches en Los amantes de Pont-Neuf, (en esa película es el nombre del doctor que le devuelve la vista al personaje que interpreta Juliette Binoche), y, además es una referencia al escritor Louis-Ferdinand Céline y su novela de 1955 Conversaciones con el profesor Y, claro referente del mensaje que contiene Holy Motors. En Conversaciones con el profesor Y, el papel que juegan las limusinas en Holy Motors lo realiza el metro de París. Por cierto, recordáis como se llama la chófer de Oscar?

  • Visitez mon site: www.lapeausurleos.com: ¿Existía, pero se ha dejado de utilizar? La verdad es que La peau sur Leos puede querer decir muchas cosas...



Después de horrorizar a medio cementerio, nuestro nuevo moderno Mr. Hyde llega a un recinto donde el prestigioso fotógrafo Harry T-Bone está realizando una sesión de fotos para la revista Wave. Posa la deslumbrante top-model Kay M (¿referencia a Kate Moss?). Harry está utilizando una moderna cámara digital Canon 5D de forma compulsiva, como si se tratase de un maniaco. Con cada foto que hace en la frenética sucesión de imágenes que está capturando, exclama "Beauty!" ("¡Bella!"), pasmado, como si fuera un niño pequeño. Cuando sus asistentes le hacen notar su presencia, Harry se vuelve hacia Merde y pide rápidamente su vieja cámara Hasselblad, comenzando a exclamar repetidamente "Weird... so weird" ("Extraño... tan extraño"). Esta cámara se utiliza por los fotógrafos profesionales para realizar trabajos de carácter más artístico. En cualquier caso, Harry comienza de nuevo a disparar repetidas veces, como si no le importase lo que realmente la cámara estuviese enfocando. Harry le pide a su asistente Jamie que le diga al monstruo que se deja fotografiar para la revista.


De manera cautelosa, Jamie se acerca a Mr. Merde y se lo solicita: "Haremos un especial tipo La Bella y la Bestia". Ante la falta de respuesta de éste y la insistencia de Harry, Jamie pregunta a Oscar si conoce el trabajo de Diane Arbus. Cuando Jamie le dice a Oscar que esta fotógrafa realiza fotos muy "humanas", haciendo un gesto con los dedos marcando las comillas de "humanas", Oscar se abalanza sobre sus dos dedos y se los arranca de un mordisco. A continuación, se limpia la sangre de un lametón en el sobaco de Kay M y la rapta, llevándosela por encima del hombre. La modelo no parece prestar mucha resistencia, sino que más bien da su consentimiento.


Kay M está interpretada por Eva Mendes. No tiene casi ni una sola palabra que decir en el guión. Una vez que Mr. Merde llega con ella a su refugio de las alcantarillas, comienza una larga escena sin diálogo. Primero se fuma un cigarro de su bolso, se come algún billete de su monedero, y luego se cena parte de su pelo. Cuando se da cuenta de que el vestido que lleva ella es muy ligero y que casi se puede ver el pecho, comienza a rasgarlo para así construir un burka improvisado. Al final, el monstruo acaba quitándose su propia ropa para revelar una erección. "Había prótesis de por medio", aclaró Eva Mendes rápidamente. Sin embargo, es una escena impactante. Durante toda la acción, Kay M mira al monstruo con parsimonia, siempre pareciendo que le permite hacer todo eso con su complacencia. Finalmente, el monstruo se duerme mientras la top-model le canta una nana de letra terrible:


Allá abajo, en el prado,

yace un pobre corderito.

Las abejas y las mariposas le picotean los ojos.

El pobrecito está gritando:

¡Mamá!


Hay quien ha querido establecer similitudes entre esta imagen de Monsieur Merde recostado sobre Kay M con La piedad (justo cuando termina la nana). Casualidad o no, la letra de la canción apoya esta tesis. ¿Tiene algún significado especial todo el conjunto?


Para el espectador, estamos ante un momento difícil, ya que puede llegar a perder la paciencia. La puesta en escena hasta ahora ha sido lo mejor de la película. El trabajo de Denis Lavant también ha brillado por su intensidad y sus variados registros. Pero lo que a algunos puede llegar a entusiasmar a otros les puede llegar a aburrir, llevarles a sentir que se les está tomando el pelo, e incluso hacerles enfadar. El ritmo de esta parte, hasta la escena del rapto, había sido intenso, pero justo después comienza a decaer, de forma totalmente premeditada, a mi entender. Hasta ahora, lo único que está claro es que tenemos un personaje, Monsieur Oscar, que es un actor que se desplaza con un camerino móvil, la limusina, y que diariamente tiene una serie de compromisos que cumplir. Entonces, ¿dónde están las cámaras? ¿y el director y el resto del equipo de rodaje? ¿de que va todo esto? Además, puesto que Leos Carax es un director de culto, uno sospecha estar cerca de la patochada, de la película "con pretensiones", hueca, inconsistente, y lo que es peor, comienza a pensar que los palos del sombrajo se están cayendo y el conjunto no se sostiene.


Por si fuera poco, el personaje es directo, sucio, violento e imprevisible, atributos que sacan al espectador de su zona de confort: "Y yo que venía al cine a estar tranquilamente tirado en la butaca" o "Para un rato que tengo para relajarme y disfrutar". ¿Está Leos Carax tratando de agitarnos en nuestros asientos?